Una certificación cobrada no se borra jamás: se genera una certificación negativa (nota de abono) de signo contrario, enlazada a la original, que nace directamente aprobada para neutralizar el impacto en Capital de inmediato.
Anular una certificación que aún no se ha cobrado es trivial: se marca 'anulada', sus importes van a cero y deja de impactar Capital. El problema es cuando ya te pagaron. La regla: una certificación cobrada no se borra jamás. Se genera una certificación negativa (nota de abono) con los importes de signo contrario, enlazada a la de origen, y que nace directamente 'aprobada' para neutralizar el impacto en Capital de inmediato, sin esperar a una segunda ronda de aprobación.
El porqué es de sentido común contable: si el banco ya movió el dinero, no puedes hacer como si nunca hubiera pasado; tienes que registrar la contrapartida. Nace aprobada precisamente porque una anulación que tarda en impactar dejaría el Capital inflado mientras tanto. La original y la negativa conviven en el histórico; la traza nunca se pierde.
Ejemplo inventado: se emitió y cobró una certificación de 40.000 que luego resulta mal medida. No se toca la original. Se crea una nota de abono de −40.000 enlazada a ella, que nace aprobada y descuenta ese importe del Capital al instante. En los libros quedan las dos filas: +40.000 y −40.000. El neto es cero, pero la historia de por qué es cero está entera y auditable. Corregir es sumar una contrapartida, nunca quitar el error borrando o editando la original: si borras, pierdes la traza que un inspector te va a pedir.
Método de Urban Field Projects, con la voz de Pol. Guía general, no asesoría; el caso concreto lo valida el profesional colegiado. Verdad medida, sin datos de operaciones reales.